LESIÓN DEL LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR

Actualizado: sep 21

"Se me fue la rodilla, noté un crujido y desde entonces tengo sensación de falta de estabilidad"

Si eres deportista y te sientes identificado con estas palabras quizá hayas sufrido un esguince de rodilla del Ligamento Cruzado Anterior (LCA). Y es que la rodilla es una de las articulaciones de más implicación y de mayor exigencia en el deporte y por ello está sometida a un gran número de fuerzas de torsión, compresión, tracción y cizallamiento. En consecuencia, necesita un refuerzo muscular equilibrado que le aporta el componente muscular y una gran estabilidad que la sustenta a través del sistema ligamentario. Como por ejemplo el LCA.


Pero, ¿qué es el ligamento cruzado anterior y para qué sirve?

El Ligamento Cruzado Anterior (LCA) se encuentra en el interior de la rodilla y une fémur con tibia. Esto lo hace conjuntamente con los Ligamentos Colaterales y el Ligamento Cruzado Posterior, entre otras estructuras. El LCA posee dos funciones principales, una como estabilizador pasivo evitando el deslizamiento anterior de la tibia, la hiperextensión, el varo-valgo de rodilla y la rotación. La otra función es la de estabilizador activo que le aportan los componentes neurológicos (órganos de Ruffini, corpúsculos de Paccini y terminaciones nerviosas libres) que se encuentran en el ligamento y que nos da información del grado de tensión en el propio ligamento.


¿Quién suele sufrir la lesión de los ligamentos de rodilla?


La lesión de LCA es más frecuente en deportes de equipo (fútbol, baloncesto, balonmano, hockey) en los que se suceden de forma constante aceleraciones, frenadas, cambios de dirección, saltos y aterrizajes. Se trata de una de las lesiones más incapacitantes y con mayor tiempo de recuperación. En el deporte femenino tiene una mayor incidencia por las particularidades anatómicas de este género. En los últimos años la ciencia está investigando la mayor incidencia de esta lesión en deportistas jóvenes. Un estudio prospectivo en pacientes pediátricos describe como la mayoría de re-rupturas de LCA (77,8%) se dan antes de cumplir los 20 años.


Aunque puede darse el caso de rotura por fuerte traumatismo, en la mayoría de los casos el mecanismo lesional sucede por un fenómeno sin contacto, es decir, el deportista realiza un gesto en el cual combina fuerzas de flexo-extensión y torsión en las cuales el ligamento puede desgarrarse o romperse de forma completa. Lo más común suele darse al realizar una rotación femoral con la tibia fijada en el suelo y una torsión del tronco de forma simultánea. Otro modo de lesionarse sucede al realizar una hiperextensión de rodilla cuando el deportista aterriza de un salto.


¿Por qué me he roto el ligamento cruzado anterior?


Debido a la mayor exigencia en el deporte (número de horas de entrenamiento, mejora de los tiempos, largos periodos competitivos, cargas de entrenamiento…) se somete a un mayor estrés tanto al deportista como a las estructuras articulares.


La lesión de LCA está asociada a unos factores de riesgo que pueden ser ajenos al deportista como el tipo de calzado, la superficie del terreno de juego o las condiciones medioambientales.


Existen otros factores asociados al deportista:

- Edad: es importante analizar los factores de riesgo en la fase puberal debido tanto a los cambios anatómicos como hormonales que pueden generar una laxitud del ligamento

y que a su vez pueden provocar mayor inestabilidad articular.

- Sexo: en la fase preovulatoria se ha comprobado cómo puede disminuir la fuerza tensil del LCA en las mujeres.

- Biomecánica de estructuras articulares: valgo e hiperextensión de rodilla, pie pronado asociado a una rotación externa de la tibia.

- Composición corporal.

- Déficit de fuerza: como debilidad de glúteo medio, rotadores externos de cadera o falta de coactivación entre musculatura isquiosural y cuádriceps.

- Falta de coordinación.


En cuanto a los factores neuromusculares, la fatiga genera un cambio en la estrategia de control motor de la rodilla, provocando una mayor activación de la musculatura del cuádriceps con respecto a la isquiotibial. La falta de activación en la musculatura del tronco genera movimientos laterales incrementando las cargas en la rodilla.

El déficit de movilidad de tobillo se asocia también a lesiones de LCA, al provocarse un valgo dinámico de rodilla ocasionando que la tibia realice una rotación interna, exponiendo al ligamento a una mayor tensión. Por lo tanto es crucial conocer el mecanismo de lesión y los factores de riesgo asociados para individualizar un plan de prevención.



¿Y cómo puedo saber yo si los tengo rotos?


Cuando experimentamos una lesión de LCA suelen darse varios signos y síntomas que nos pueden hacer sospechar de esta lesión: un chasquido audible, dolor agudo en el momento en el que se produce la lesión, inflamación e inestabilidad de rodilla.

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